martes, 4 de marzo de 2014

La FAN no deben cumplir ordenes que atenten contra los Derechos Humanos - Luis Miquilena

El político afirmó que los miembros de la FAN no deben cumplir órdenes que atenten contra los derechos humanos y les pidió permanecer fieles a la Constitución
EL NACIONAL WEB
3 DE MARZO 2014
“Esta es la hora más oscura de la historia”, dice el político de 94 años de edad, Luis Miquilena, quien presidió la Asamblea Nacional Constituyente de 1999. Ayer el dirigente dio una declaración en la cual analizó coyuntura del país. En ella exhortó a los militares a desconocer cualquier orden que atente contra los derechos humanos y a ser fiel a la letra de la Constitución. “Ustedes están obligados a defender nuestra soberanía que hoy está amenazada por la injerencia cubana. No se presten a defender un régimen ilegítimo, usurpador y totalitario que está subordinado a Cuba”.
Sobre las protestas que han proliferado desde principios de febrero dijo lo siguiente: “La inequidad generada por el manejo irresponsable de las políticas económicas de este gobierno, mal remedo del cubano, ha originado las protestas que son una respuesta al gran descontento popular”. Invitó a a los estudiantes a permanecer en las calles: “Que mantengan esa rebeldía juvenil, tal como los héroes precursores del futuro”.  Miquilena aseveró que el gobierno del presidente Nicolás Maduro, sucesor del fallecido Hugo Chávez, ha destruido sistemáticamente el aparato económico del país que ha hecho pasar penurias a los venezolanos para conseguir alimentos. “Han pasado cosas nunca antes vistas en Venezuela, ciudadanos luchando para arrebatarse un pollo en los automercados”, explicó.
Para el político, los universitarios fueron los primeros en tomar las calles ante el malestar. “Los estudiantes y los jóvenes han recibido del gobierno la respuesta de las balas antes sus legítimos reclamos. Este es un gobierno asesino que ha disparado con todos los medios a sus adversarios”. Manifiesta que el presidio de Leopoldo López y la amenaza de levantar la inmunidad parlamentaria a María Corina Machado son elementos que degeneran las instituciones del país. “La Asamblea Nacional, que debe ser el instrumento regulador del Poder Ejecutivo, hoy en día es la sucursal de ese poder”.
Miquilena dedicó además el siguiente mensaje al país que se reproduce:
“Hoy estamos en presencia de una situación más grave que la dictadura de Pérez Jiménez si tomamos en cuenta el ingrediente extranjero que está militando en este momento, no solo en la política represiva del gobierno sino en todo el estrato de su estructura económica.  Debemos concluir que el pueblo de Venezuela debe acompañar a su juventud y que esta no debe cesar hasta que se terminen las causas que originaron las protestas. Se ha hablado en uno de los escenarios de un llamado que ha hecho el gobierno, en estos momentos que agoniza, a realizar conversaciones con la oposición.
“Si examinamos el cuadro que el país está viviendo cuando las cárceles están repletas de estudiantes, cuando han sido golpeados y apaleados, cuando tenemos un número considerable de muertos, cuando sigue la represión contra los dirigentes, cuando vemos un Poder Judicial arrodillado al Poder Ejecutivo y recibiendo los mandatos para que condene a los jóvenes, tenemos que levantar la voz de protesta para hacer un llamado a la oposición. Una oposición que se respete no puede sentarse en la misma mesa con los verdugos del pueblo. No se puede dialogar con un funcionario que ha abusado de su poder para asesinar a nuestro pueblo.
“No creo que sea procedente que se siente en una mesa una unidad que se respete, cuando sabemos del martirio que están sufriendo esos hombres torturados por este régimen. Este es un gobierno ilegítimo de origen y esa ilegitimidad la corroboró las últimas acciones que ha hecho con todos estos atropellos, crímenes y torturas. He tenido una larga vida, he padecido bastantes tormentos pero también he tenido satisfacciones, y hoy, cuando se acerca el ocaso de mi vida, he querido dar gracias a la providencia porque he podido alzar mi voz con los ideales de justicia social que fueron las inquietudes de mi juventud”

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martes, 25 de febrero de 2014

Editoral: San Cristobal 25-Feb-2014

Si existe algo que los pueblos nunca olvidan es a sus gobernantes cuando estos se convierten en verdugos. Entre los gobernados y sus mandatarios debe existir una inquebrantable línea de respeto, que no puede ni debe ser arrollada por las iras y las arbitrariedades de quien siendo provisionalmente dueño del poder lo ejerce como si fuera para siempre. 
Lo ocurrido en San Cristóbal y en el estado Táchira es un ejemplo claro de cómo la represión, cuando el gobierno desiste del diálogo y la negociación, sólo debe ser usada como último recurso y nunca con afanes de exterminio, destrucción y muerte de la población.
Desde luego que para ello se necesita que el mandatario tenga suficiente formación política, que esté dotado de una imprescindible educación civil que lo ate firmemente a la Constitución nacional y a los principios fundamentales del respeto de los derechos humanos, y que, por encima de todo, tenga el valor y el coraje para controlar con mano férrea los cuerpos policiales, la indebidamente llamada Guardia del Pueblo y a los jefes militares que estén actuando en las zonas de emergencia.
Pero nada de esto ha ocurrido en Táchira y mucho menos en su capital, San Cristóbal, donde a raíz de las marchas estudiantiles y las consecuentes manifestaciones del pueblo tachirense en las calles, el señor Maduro no ha dado pie con bola y más bien ha transformado el derecho de protestar en un acto criminal y de guerra, que debe ser combatido ya no por las fuerzas policiales normales y corrientes que tiene cada gobernación, sino por la indebidamente denominada (lo repetimos) Guardia del Pueblo, con sus tanquetas y armamento inadecuado para controlar el orden público.
No contento con ello y quizás por ser un amateur en cuestiones presidenciales, seguramente le hizo caso al flamante capitán Cabello y decidió enviar mil paracaidistas para acordonar la ciudad y quizás tomarla por asalto a sangre y fuego, como si los tachirenses constituyeran una fuerza extranjera que ha invadido el “sagrado suelo de la patria”, como diría don Cipriano Castro, militar curtido en batallas de verdad y no en griterías destempladas desde la presidencia de la Asamblea Nacional.
Como si no bastara con semejantes barbaridades, ordenó el vuelo rasante de aviones de combate sobre San Cristóbal para asustar a los muchachos y muchachas que, con la piedra en una mano y la bandera de Venezuela en la otra, gritaban consignas contra Maduro y su mal gobierno. Nada del otro mundo, nada que no ocurra en Rusia o en Estados Unidos, en México o en Argentina, es decir, estudiantes en la calle protestando contra el poder con valentía y coraje, sin estar escoltados o protegidos por paramilitares rojo rojitos, prolijamente entrenados para herir y matar a “los enemigos” del proceso.
Pero a ciertos gobernantes inexpertos les gusta hacer sentir su poder siempre y cuando no estén a la cabeza de las fuerzas que se enfrentan y no expongan su vida a las consecuencias de la violencia que ellos mismos provocaron. El señor Maduro, quizás, en el fondo de su corazón de la patria, quisiera hacer de San Cristóbal tierra arrasada, como los romanos con Cartago, vaya usted a saber. 
Lo que sí es cierto es que es el acto militar y represivo más estúpido e irracional que se haya tomado en los últimos cien años en Venezuela porque esa enorme violencia oficial desatada contra un pueblo desarmado sólo va a generar una respuesta de rechazo que, en el transcurso de los meses, llevará a convertir San Cristóbal en una ciudad mártir, en la cuna de una próxima rebelión civil, en el centro nacional de la resistencia política contra un gobierno titubeante, confuso e inmaduro, valga la redundancia.

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