miércoles, 15 de enero de 2014

Iris Varela y los asesinos de Monica Spear

Si tuviéramos un estado decente, iris Varela hubiera sido destituida y enjuiciada por homicidio de Mónica Spear. Iris Varela es  "La Ministra de los Servicios Penitenciarios"



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viernes, 10 de enero de 2014

El llanto de una madre es el llanto de todas las madres

Quien puede estar tranquilo con la inseguridad que hay en Venezuela?
Me llego al corazon este video de Belen Marrero, en una marcha en contra de la violencia y la criminalidad, por la muerte de Monica Spear. QEPD


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Crimen en Venezuela

Crimen en Venezuela

Editorial de El Pais

El asesinato de una actriz derriba la estrategia oficial de silenciar el problema de la violencia

Venezuela acaba de ofrecer el ejemplo de un Gobierno arrollado por la realidad. De nada han servido los afanes de Nicolás Maduro (como antes los de su mentor, Hugo Chávez) por ocultar las cifras galopantes de criminalidad, incluida la censura a los medios de comunicación. El asesinato de una popular actriz y exreina de belleza, en un asalto que provocó además la muerte de su pareja y heridas a su hija de cinco años, ha puesto patas arriba la estrategia oficial de silenciar la inseguridad.
Difícilmente se puede “evitar la zozobra” de la población —excusa peregrina para la opacidad— cuando Venezuela se ha convertido en la última década en uno de los cinco países más violentos del mundo, con una tasa de homicidios que triplica la de naciones castigadas por el narcotráfico o el conflicto armado, como México o Colombia. Casi 70 personas fueron asesinadas cada día en 2013. A ello hay que sumar la epidemia de asaltos y secuestros cotidianos, alentados por la corrupción policial y la impunidad más escandalosa. Si, como se sospecha, el chavismo quiso ganarse la lealtad de las bandas para usarlas como fuerza de choque contra la “burguesía” —del mismo modo que ha venido armando a las “milicias bolivarianas”—, la estrategia le ha salido muy cara al país. Ayer mismo el presidente anunció la dimisión de todos sus ministros para “facilitar” la remodelación del Gabinete, aunque habrá que esperar para ver el alcance de los cambios.
El clamor desatado por la tragedia de Mónica Spear, en la que tantos venezolanos se han visto reflejados, ha provocado algo que parecía imposible: que Maduro intente consensuar con gobernadores y alcaldes de la oposición una estrategia de seguridad para los municipios más peligrosos. Muchos desearían que el inédito apretón de manos de ayer entre el presidente y el líder opositor, Henrique Capriles, gobernador de Miranda, sirviera para apaciguar el clima político, pero eso es poco probable.
En las últimas semanas, Maduro ha acelerado la “radicalización de la revolución”, es decir, la cubanización de Venezuela: ha incrementado el poder financiero de las Fuerzas Armadas con un banco y una constructora; ha reforzado el control de precios y la intervención en los comercios —con el vano propósito de reducir una inflación del 56%— y ha alardeado del seguimiento al que tiene sometidos a los ciudadanos, al hacerse pública una lista con los detalles de las vacaciones navideñas de una treintena de políticos, periodistas y empresarios.

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Quien responde por este horror?

¿Quién responde por este horror?
¿Quién es el principal responsable de este desorden público? Evidentemente la cúpula del Estado representada por los tres poderes que hoy están sometidos a una misma ideología política y que no han sabido o no han querido ponerle coto a este baño de sangre que envilece a nuestra nación.
La conmoción nacional a raíz del vil asesinato de Monica Spear y de Thomas Henry Berry ha puesto nuevamente en primera plana la terrible inseguridad que padecen todos los habitantes de Venezuela.
El tema de la criminalidad desbordada que ha azotado a nuestro país en los últimos años no puede ser tomado a la ligera mediante declaraciones políticas de carácter general.
Las causas de esta situación deben ser ponderadas con objetividad y sin pretender escudarse en justificaciones esotéricas. Es evidente que ha habido una política errónea en materia de seguridad,; por un lado no se ha procedido con seriedad a un verdadero desarme de la población civil y más bien se ha promovido la existencia de colectivos armados para una presunta defensa del orden revolucionario.
También se ha sido negligente y permisivo con las múltiples y constantes violaciones a las normas de tránsito terrestre por parte de los motorizados que consideran que esas leyes y normas no les son aplicables.
Otra causa, y quizás la mas importante, es la impunidad existente en nuestro país para el que comete un asesinato, salvo que la víctima sea, o bien una personalidad pública, o alguien vinculado al partido político que actualmente gobierna en Venezuela.
Por último es francamente inaceptable la corrupción que prevalece en los centros penitenciarios del país y que permite la existencia de pranes armados que promueven delitos dentro y fuera de los penales.
¿Quién es el principal responsable de este desorden público? Evidentemente la cúpula del Estado representada por los tres poderes que hoy están sometidos a una misma ideología política y que no han sabido o no han querido ponerle coto a este baño de sangre que envilece a nuestra nación.
Envíe sus comentarios a editor@analitica.com

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miércoles, 8 de enero de 2014

El regimen no se investigara a si mismo

El prontuario del régimen maduro-castrista
Cuando la lucha contra la corrupción es altamente selectiva, como la que lleva a cabo Nicolás Maduro, se convierte en agente promotor de más corrupción. El cabecilla de uno de los regímenes más corruptos del planeta, Nicolás Maduro, ha tomado la “lucha contra la corrupción” como bandera. Sin embargo, la ejecución de esa estrategia se limita a perseguir a los opositores, a denunciar como corruptos a los disidentes de su régimen y a encarcelar a corruptos de tercer nivel, sin tocar a ningun corrupto de alto nivel.
Por ejemplo, la esposa de Nicolás ejerció una variedad de la corrupción, el nepotismo, cuando estaba a cargo de la Asamblea Nacional. Empleó a más de 20 familiares en ese cuerpo legislativo. El nepotismo fué un fenómeno frecuente en vida  del difunto. Adán Chávez, Argenis Chavez, Aníbal Chávez, Asdrúbal Chávez, etc, tuvieron cargos públicos durante la presidencia del difunto. El yerno es ahora vicepresidente de la república, nombrado por Maduro. Nicolás mismo ha empleado a su hijo en una posición para la cual no está capacitado.
En materia de robo al erario público hay varios detenidos, siempre pequeños peces de la burocracia o capturados en el  extranjero por la justicia de otros países, nunca por la venezolana, como es el caso de los implicados en el desfalco a las pensiones de los empleados de PDVSA o de la gerente del BANDES o los involucrados en el envio de dinero a Cristina Kirchner. Han sido detenidos algunos ex-gerentes de Ferrominera, quienes son apenas la punta del témpano en el nido de ratas que es la CVG roja.
El Ministro-policía, Miguel Rodíguez Torres, iniciado internacionalmente por genocidio, presentó  hace poco  cinco caso de corrupción asociados con el control cambiario, CADIVI.  Todos son de menor  relieve y sirven para hacerle propaganda al régimen como defensor de lo que Francisco Carrasquero denominaba la “tramparencia”.
Lo que se debe hacer en Venezuela, pero no se hace, es investigar la corrupción a los más altos niveles de PDVSA, Corpoelec, CVG y fuerzas armadas.  Investigar a Ramírez, Cabello, la familia Chávez, Cilia Flores, narco-generales, bolichicos y otros contratistas, banqueros, directores del BCV, ministro y ex-ministros de finanzas, a Giordani, Andrade y Carreño.
Ello, sin embargo, no ocurrirá mientras esta gente esté en el poder, por razones obvias. No se investigarán a sí mismos.   Por eso es que la denuncia debe hacerse desde afuera del régimen, una tarea totalmente descuidada por la oposición venezolana, la cual apenas vive alimentada por un puñado de gente de coraje como Alek Boyd y otros blogeros.

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El país del salvese quien pueda - Asesinado de Monica Spear y Henry Berry

El país del sálvese quien pueda. 

Sobre el asesinato de Mónica Spear y Henry Berry...

Por Boris Muñoz | 7 de Enero, 2014
iEl asesinato a mansalva de la actriz y Miss Venezuela Mónica Spear y su esposo Henry Berry, quienes junto a su hija hacían turismo en su propio país, es un motivo de duelo profundo para sus familias y para todos los venezolanos que, dentro y fuera del territorio nacional, no han perdido la sensibilidad ante la indefensión y los horrores que padecen quienes hoy viven en Venezuela. Estas muertes, gratuitas y desgarradoras, ponen el acento en el fracaso de las políticas de seguridad del gobierno chavista y de su cruzada —cacareada a todo dar por los medios gubernamentales— para relanzar el turismo nacional. Pero son también un síntoma alarmante del fracaso de Venezuela como proyecto nacional.
A finales de 2013, el ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres , sostuvo que el índice de homicidios se había reducido en 17.3% con 39 asesinatos por cada 100 mil habitantes, en contraposición con el índice los 79 por 100 mil ofrecido por el Observatorio Venezolano de la Violencia. Las cifras del ministro, contrastadas con una instancia independiente cuyos números, sin embargo, tampoco son los más confiables, suenan fantasiosas, sobre todo porque él tampoco reveló el número de homicidios. 
¿A quién creerle? ¿Al OVV o al ministro? O más bien, ¿cuán relevante puede resultar este dato, cuando lo innegable es el estado de indefensión en que se encuentran los venezolanos y lo incompetente que ha sido el gobierno durante los últimos tres lustros para ejercer el monopolio de la fuerza, contener la epidemia de violencia social y garantizar el derecho a la vida?
El primer enemigo de este problema es el cinismo oficial a la hora de abordarlo. No hay que ser un memorioso para recordar las patéticas carcajadas de burla de Andrés Izarra, a la sazón ministro de Comunicación e Información, durante un debate televisivo en CNN con Roberto Briceño León. En aquella ocasión Izarra dijo que se moría de la risa con las cifras ofrecidas por Briceño León. Ayer, en televisión, el hoy ministro de Turismo, seguía restándole importancia a la epidemia criminal diciendo que la violencia venezolana era más fácil de resolver que la colombiana. No es extraño que esta misma mañana, después del bofetón de realidad que significa el vil asesinato de esta joven pareja, varios voceros oficiales hayan salido a vociferar vacías condenas a la violencia y prometer castigar “con todo el peso de la ley” —¿cuál ley?, cabe preguntarse— y “mano dura” a los culpables. Este onanismo mediático, sino fatal del fracaso de cualquier aspiración revolucionaria, se expande como un cáncer de arriba abajo del sistema policial y de justicia. 
Hace seis años le hice una larga entrevista a Soraya El-Achkhar, en aquel entonces secretaria de la Comisión Presidencial para la Reforma Policial (Conarepol), luego promotora de la Policía Nacional Bolivariana y hoy rectora de la Universidad de Estudios Policiales. El-Achkhar confesaba con consternación la ausencia de voluntad política dentro del gobierno de Chávez para resolver los enormes déficits en materia policial. En un tono íntimo, casi confesional, pero siempre hablandoon the record, me dijo que en materia de seguridad los venezolanos “estábamos en las manos de Dios”. Si esto era así hace cinco años, en el presente, cuando solo Honduras y Jamaica, dos de los países más pobres del continente, nos disputan el primer lugar en homicidios en la región, estamos claramente varios pasos más allá de la muerte de Dios. De hecho, Venezuela es hoy un país del sálvese quien pueda. 
Al menos así lo han constatado los investigadores más serios de la violencia, como la socióloga Verónica Zubillaga, quien en un interesante artículo de hace un año en la revista Nueva Sociedad, abordaba una de las paradojas más inquietantes de nuestra violencia urbana: a pesar de la disminución de la desigualdad, el mejoramiento de los índices de pobreza y la inclusión social en el gobierno chavista, la tasa de homicidios seguía creciendo de modo imparable. Al referirse a Caracas específicamente, Zubillaga era lapidaria: la ciudad había pasado de la “ciudadanía del miedo”, tal como la designara Susana Rotker en 2000, a la “anti-ciudadanía del duelo”. Y concluía que sin una institucionalidad fuerte, políticas policiales efectivas y amplios acuerdos básicos, que abarcan lo social y lo político, la violencia seguiría su curso. 
Pero ninguna de estas apreciaciones técnicas, por sensibles que sean, dan cuenta del miedo, dolor y el desgarro en que viven cientos de miles de familias venezolanas, como las familias de Mónica Spears y Henry Berry.
Conozco desde hace muchos años a Thomas y Carol Berry, padres de Henry. Su caso es profundamente desolador. Ambos abandonaron su Inglaterra natal hace más de cuarenta años, cuando Venezuela era un país que lo prometía todo a propios y foráneos. Tom, que es un matemático brillante, pasó literalmente toda su vida enseñando a jóvenes venezolanos en la Universidad Simón Bolívar. Carol fue maestra de escuela y, al retirarse de la docencia y siguiendo un fuerte deseo por mejorar la situación del país, se dedicó a la organización vecinal. Ambos son, por hecho y por derecho, tan venezolanos como cualquiera nacido en Apure o en Catia. Tanto así que, a pesar del deterioro inenarrable que en las últimas tres décadas ha sufrido la calidad de vida de muchos venezolanos de clase media como ellos, decidieron permanecer en el país donde habían echado raíces y criado a sus hijos. Ese amor lo transmitieron a sus hijos. No en balde, durante muchos años Henry Berry, un joven muy apuesto, sensible y carismático, se dedicó a promover el turismo de aventuras en Venezuela, cuyo territorio conoció en sus esquinas más remotas. Fue ese amor por el país que se lleva adentro, sin importar donde uno esté, lo que lo hizo a volver desde Miami para, junto a su joven esposa y su hija de cinco años, aventurarse una vez más en esta Venezuela sórdida e indómita, que le pagó a él quitándole la vida y, a sus padres, arrebatándoles lo que más amaban.
No conocí a Mónica Spear, pero todas las noticias que supe de ella la pintaban no como una diva de telenovela promedio, sino como una mujer sencilla y jovial, dotada con una potente belleza telúrica y con los pies en la tierra. Y eso es precisamente lo poco que se puede ver en sus videos recientes divulgados en las redes sociales, que expresan el apego hacia el terruño y el orgullo del paisaje venezolano.
Pese a que sus protagonistas tienen un rango excepcional, casi arquetípico, el problema de estas muertes es su carácter no excepcional. Fueron Mónica Spears, una Miss Venezuela, es decir, alguien que, en teoría, debe encarnar lo mejor de nuestra idiosincrasia y lo más bello del país, y Henry Berry, quien encarnaba la legendaria hospitalidad que alguna vez hizo a Venezuela una tierra de gracia. Pero su historia es una historia tristemente común: la de una familia —cualquier familia— que toma unas vacaciones en el país que ama porque lo lleva adentro y es vilmente asesinada a sangre fría. Ésta es la historia de las casi 25 mil familias que perdieron algún ser amado en 2013, de las más de 150 mil familias que han perdido a los suyos en los últimos tres lustros. Hoy su hija queda huérfana de padres y sus padres quedan huérfanos de hijos. Y ésa es una desgarradura con la que ningún país puede aspirar seriamente a construir a un futuro mejor. 
Por eso, Mónica y Henry son el emblema de todo lo que anda mal y debe cambiar en Venezuela. Sus muertes representan el fracaso de Venezuela como sociedad.¿Pero cuántas de ellos hacen falta para producir ese cambio? Que el luto se transforme en indignación, la indignación en organización, la organización en acción, la acción en rebeldía, la rebeldía en fuerza y esa fuerza en cambio.

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EL REGIMEN ES EL RESPONSABLE DEL ASESINATO DE MÓNICA SPEAR

Integrantes del Alto Gobierno quisieron ayer evadir la responsabilidad en el horrendo crimen cometido contra Mónica Spear, su esposo y su hija. Además, pidieron al país no “politizar” el caso; es decir, no atribuirles la culpa de lo ocurrido. Sin embargo, eso es imposible.

El Gobierno es directamente responsable de la muerte de Mónica Spear, porque durante 15 años ha venido destruyendo al sistema judicial y a los cuerpos policiales. En lugar de luchar contra el hampa, el Gobierno ha ordenado a jueces, fiscales y policías; perseguir opositores; fabricar casos; sembrar pruebas; inventar falsos testigos y mantener presa a gente inocente.
Todo el sistema de seguridad se ha venido abajo, porque para el Gobierno la prioridad no es acabar con la criminalidad, sino espiar y desprestigiar a los dirigentes de oposición, destituir diputados y neutralizar las supuestas maniobras del imperio. Los funcionarios oficiales han sido crueles e inmisericordes con Franklin Brito, María Afiuni e Iván Simonovis, pero blandos y permisivos con las bandas de delincuentes, con los pranes y con los presos comunes, a quienes liberan sin cumplir con los mínimos requisitos y a quienes, además, han cedido el control del sistema penitenciario. Las 10 millones de armas ilegales, que circulan con su halo de muerte por las calles de nuestras ciudades y pueblos; los colectivos armados y la percepción, emanada desde el corazón del alto gobierno, de que en Venezuela el crimen sí paga, son responsabilidad de un régimen malandro, que desde hace más de una década se reparte el país como si fuera un botín. Porque llevan años intentando someternos y hacernos creer que en Venezuela lo malo no es ser delincuente, sino oponerse al modelo cubano.
Desde el Alto Gobierno se incentiva la impunidad, porque los malandros, junto con el resto del país, ven televisión y observan cómo los matones del PSUV golpean en pleno hemiciclo a diputados opositores y luego son premiados con cargos públicos. También observan cómo los chavistas y sus hijos se hacen ricos, sin recibir castigo alguno, a menos que se aparten de la línea del partido. Y han aprendido, a través de años del modelaje, el lenguaje del odio, la agresión, la violencia y el resentimiento. Los delincuentes concluyen que pueden matar y robar impunemente, siempre y cuando griten “Uh, Ah” y “¡No volverán!”.
Como resultado de esta visión monstruosa, el año pasado murieron 25 mil venezolanos a manos del hampa y más de 200 mil durante estos 15 años de gobierno chavista. Mónica Spear y su familia no son un hecho aislado. Son consecuencia directa e ineludible de una política de Estado que está acabando con nuestro país.

Ayer presenciamos cómo altos dirigentes del régimen pretendieron disolver su responsabilidad directa ante la tragedia que vive a diario el venezolano común y que ellos se han encargado expresamente de ocultar, entorpeciendo la labor informativa de los medios de comunicación privados a través de todo tipo de censuras y sometiendo al sistema de medios públicos a una servidumbre comunicacional sin precedentes en nuestra historia democrática. La verdad que son incapaces de asumir es que el caso Spear, por su resonancia internacional, se les fue de las manos. No han podido, como hacen a diario con los cientos de crímenes de ciudadanos “anónimos” , mantenerse indiferentes; no han podido silenciarlo, obviarlo, minimizarlo. La crueldad, la violencia absurda de este caso con resonancia pública ha traspasado nuestras fronteras y le ha quitado la careta a un régimen que está muy consiente de esta realidad y que, sin embargo, se ha rehusado de manera sistemática a ejercer su rol de gobierno y a cumplir con su obligación de proteger la vida de los ciudadanos.
Por eso, no nos engañemos: no es que Maduro no pueda acabar con la violencia. La realidad es que no quiere hacerlo, porque la violencia ha sido y es para este régimen una política de Estado, que persigue el control físico, social y espiritual de la sociedad.
EL REGIMEN ES EL RESPONSABLE DEL ASESINATO DE MONICA SPEAR
Si en verdad los voceros del Gobierno estuviesen interesados en combatir el hampa, como ofrecieron ayer en rueda de prensa, entonces darían muestras de voluntad de cambio, haciendo un viraje drástico en su fallido Plan Patria Segura. En ese caso, se comprometerían a despolitizar el sistema judicial y las policías, removiendo de sus cargos a la actual directiva e incorporando figuras de prestigio nacional; se suspendería el uso de las fuerzas policiales y los organismos de seguridad para perseguir opositores y para nutrir sus numerosísimas unidades de escoltas y avocarlos con un objetivo superior: combatir la criminalidad.
Y como señal de buena voluntad, liberarían esta misma semana a Iván Simonovis, al promulgar una ley de amnistía que garantice la liberación de los presos políticos, el regreso de los exiliados y el cese de la persecución a la disidencia.
María Corina Machado
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Homenaje de un Coplero a Monica Spear


Homenaje de un Coplero : 
Ha muerto Monica Spears. Una maracucha nata. Una excelente mujer.. Un orgullo de la Patria. Nuestra Reina 2004... De destacada elegancia..Tierna, dulce, amable y pura... Una zuliana de casta. Por nuestro país dio todo... Sobrepaso las distancias.. Entre el tiempo y el olvido.. Para hacer valer su causa. Hoy Venezuela la llora.. De luto esta nuestro mapa.. La Chinita esta muy triste... Ya no se escucha la gaita.. Hoy la brisa arrolladora del lago trae remembranzas. De aquel pasado glorioso.. De aquella hermosa muchacha.. La que repleta de sueÑos. Un dia se fue a Caracas.. En busca de nuevos rumbos. Con un morral de esperanzas.. Toco el cielo con sus manos... Algo que pocos alcanzan.. Logro llegar con empeÑo. A las cúspides mas altas..Pero por cosas del mundo.. Llego a su ser la desgracia.. Todo lo bello acabo... En las balas de unas LACRAS.. Desde el Puerto hacia Valencia. Ya de camino a su casa.. Fue que el destino traidor.. Vino y le tendió la trampa.. Hoy no quedo quien no llore.. Llora el rio y la barranca.. Llora el llano, llora el centro, llora oriente y Nueva Esparta... La pluma de este coplero también llora y se atraganta.. Ante la impotencia amarga.. Con un dolor que no pasa.. Hoy clamo a Dios su justicia. Y que aplique en forma exacta.. El dicho de que a hierro muere... Todo aquel que a hierro mata... Adiós a MONICA SPEARS.. Te vas para otra comarca... A reinar alla en el cielo.. Donde el que llega descansa... El Coplero MerideÑo.. Quiso escribirte esta carta... Como un adios para siempre.. Con el cuatro y con el arpa.. Todo el que lea este poema.. Que lo reenvíe sin falta... Que recorra la nación... De Rio Caribe al Arauca.. Como un sincero homenaje.. Que en mi voz hoy se hace canta..Para una VENEZOLANA MUJER EJEMPLAR Y SANTA!!!!!!!........
Autor Henry Contreras El Coplero MerideÑo el de SeÑor Perfecto, La Canción prohibida y señor soledad... Difundanlo amigos No mas violencia! Venezuela somos todos!

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